Rotura del ligamento cruzado anterior (LCA)

La rotura del ligamento cruzado anterior (LCA) es una lesión frecuente de la rodilla, especialmente en personas activas y en deportes que implican giros, frenadas o cambios de dirección. En el momento de la lesión, muchas personas notan un chasquido y, poco después, aparece inflamación. En los días y semanas siguientes puede quedar una sensación muy característica de falta de seguridad de la rodilla en general, y en algunos gestos en particular.

No todas las roturas del LCA requieren cirugía, y no todas se viven igual. En algunos casos el problema principal es el dolor inicial y la inflamación, que mejoran con el tiempo. En otros, lo que condiciona la vida diaria o el deporte es la inestabilidad, con episodios de fallo que generan inseguridad. Por eso, más que hablar de una única solución, lo razonable es entender la lesión y decidir el tratamiento según tu situación concreta.


Para qué sirve el ligamento cruzado anterior

El LCA es una estructura clave para la estabilidad de la rodilla. Su función principal es limitar el desplazamiento hacia delante de la tibia respecto al fémur y ayudar a controlar los movimientos de rotación, especialmente cuando apoyas el pie y el cuerpo gira o cambia de dirección.

Dicho de forma sencilla: el LCA actúa como un “freno interno” que mantiene la rodilla estable en movimientos exigentes. Cuando se rompe, la rodilla puede funcionar bien en actividades rectas y controladas, pero fallar en gestos de giro, bajadas, terrenos irregulares o deporte. Esa diferencia explica por qué hay personas que conviven razonablemente bien sin LCA y otras, en cambio, no pueden volver a su actividad con seguridad.


Cómo se produce la lesión

La rotura del LCA suele ocurrir por un mecanismo indirecto, sin un golpe fuerte sobre la rodilla. Lo más típico es un giro brusco con el pie apoyado, una frenada intensa o un cambio rápido de dirección. Es frecuente en deportes como fútbol, baloncesto, esquí o pádel, aunque también puede suceder en una caída fortuita.

En muchas ocasiones se asocia a lesiones adicionales, como daño de los meniscos o del cartílago de la rodilla. No es una regla fija, pero es lo suficientemente común como para tenerlo en cuenta desde el principio, sobre todo si el dolor persiste o aparecen bloqueos o chasquidos repetidos.


Síntomas habituales

Los síntomas más frecuentes son:

  • dolor en el momento de la lesión o en las primeras horas
  • inflamación relativamente rápida (a veces el mismo día)
  • sensación de inestabilidad o de “fallo” al apoyar
  • dificultad para continuar la actividad
  • inseguridad en giros, bajadas, cambios de ritmo o terreno irregular

Con el tiempo, el dolor puede disminuir bastante, y la rodilla puede parecer “normal” en tareas cotidianas. Aun así, si existe inestabilidad, lo habitual es que reaparezca al volver a gestos más exigentes.

Señales de alarma que conviene valorar con prioridad:

  • bloqueo verdadero de la rodilla (no puedes estirar o flexionar bien)
  • derrames repetidos tras esfuerzos leves
  • episodios frecuentes de fallo

Cómo se diagnostica

El diagnóstico se apoya en tres pilares:

  • historia clínica (cómo fue el mecanismo, síntomas iniciales, evolución)
  • exploración física (pruebas de estabilidad y valoración global de la rodilla)
  • pruebas de imagen, especialmente la resonancia magnética

La resonancia ayuda a confirmar la lesión del LCA y, sobre todo, a identificar lesiones asociadas (menisco, cartílago, ligamentos) que influyen en el tratamiento y el pronóstico. A veces también se solicitan radiografías para descartar otros problemas, especialmente si hubo traumatismo importante.


¿Se puede vivir sin ligamento cruzado anterior?

Sí, en determinados perfiles se puede convivir con una rotura del LCA sin cirugía. Suele ser más factible cuando:

  • no existe inestabilidad significativa
  • la actividad diaria no exige giros ni cambios de dirección
  • la persona no practica deportes de pivote o los reduce
  • hay buena respuesta a un programa de rehabilitación y fortalecimiento

Sin embargo, si la rodilla falla con frecuencia, la ausencia del LCA puede favorecer lesiones secundarias, especialmente meniscales, por microtraumatismos repetidos. Esto no significa que “si no te operas te va a ir mal”, pero sí que la inestabilidad mantenida tiene consecuencias en algunos casos.


Cuándo se recomienda operar

La cirugía suele plantearse cuando la rodilla es funcionalmente inestable o cuando la persona quiere volver a actividades con alta demanda de estabilidad. En la práctica, se valora operar si ocurre alguno de estos escenarios:

  • episodios de fallo o inseguridad que limitan actividad o trabajo
  • deseo de volver a deportes con giros, contactos o cambios de dirección
  • lesiones asociadas que aconsejan un abordaje quirúrgico
  • dificultad para recuperar estabilidad pese a rehabilitación bien hecha

La edad por sí sola no decide quien se opera y quien no. Importa más la demanda funcional, el tipo de actividad, el estado de la rodilla (menisco, cartílago) y las expectativas realistas. Aquí es donde una consulta bien planteada con un traumatólogo especialista en rodilla marca la diferencia, porque la decisión debe ser individualizada.


En qué consiste la cirugía

En la mayoría de casos no se “repara” el ligamento roto, sino que se reconstruye con un injerto. La intervención se realiza habitualmente por artroscopia, mediante pequeñas incisiones, y el objetivo es devolver estabilidad para permitir una vida activa con seguridad.

Existen distintos tipos de injerto y técnicas. La elección depende de factores como la anatomía, el tipo de actividad, antecedentes, preferencias y experiencia del cirujano. Lo importante es entender que la cirugía es solo una parte del proceso: el resultado final depende en gran medida de una rehabilitación adecuada y progresiva.


Recuperación y tiempos orientativos

La recuperación tras una reconstrucción de LCA no se mide solo en días, se mide en fases. De forma orientativa:

  • primeras semanas: control del dolor e inflamación, recuperación de movilidad, marcha progresiva
  • primeros meses: fortalecimiento, control neuromuscular, estabilidad y resistencia
  • vuelta a deporte: se plantea cuando se recuperan fuerza, control y tolerancia a la carga, y no solo por haber “cumplido suficientes meses de rehabilitación”

Los tiempos varían mucho según persona, deporte, lesiones asociadas y calidad de la rehabilitación. En general, conviene evitar prisas. Volver antes de tiempo no suele ser una victoria, suele ser una lotería.


Riesgos y complicaciones

Como cualquier procedimiento, la reconstrucción del LCA tiene riesgos. Entre los más relevantes:

  • rigidez o pérdida de movilidad
  • dolor persistente o molestias en la zona de obtención del injerto (según el caso)
  • infección (poco frecuente, pero importante)
  • trombosis (riesgo bajo, se valora prevención individual)
  • re-rotura del injerto o nueva lesión por vuelta prematura al deporte

Una buena planificación, técnica adecuada, rehabilitación progresiva y seguimiento reducen de forma significativa estos problemas.


Preguntas frecuentes

¿Es necesario operar siempre?

No. Si no hay inestabilidad relevante y tu actividad no exige giros o cambios de dirección, el tratamiento conservador puede ser una opción razonable.

¿Cuándo puedo volver a conducir?

Depende de si es la pierna derecha o izquierda, del tipo de coche y de la evolución. En general se necesitan varias semanas y que el control sea seguro. En consulta se individualiza.

¿Puedo hacer deporte sin operarme?

Depende del deporte. Actividades lineales y controladas pueden ser viables en algunos casos. Deportes con pivote y giros suelen dar problemas si hay inestabilidad.

¿El LCA se “pega” solo?

En general, un LCA roto no suele recuperar una función normal por sí mismo. Puede mejorar la sintomatología y la estabilidad funcional con rehabilitación, pero no es lo mismo que restaurar el ligamento intacto.

¿Qué pasa si mi rodilla falla de vez en cuando?

Si hay fallos repetidos, conviene valorarlo. La inestabilidad recurrente puede dañar los meniscos o el cartílago en algunos pacientes.


Fuentes y revisión médica

Contenido revisado por traumatólogo. Basado en guías clínicas, consensos y revisiones actuales sobre lesiones del ligamento cruzado anterior, además de práctica clínica habitual en traumatología y medicina del deporte.

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